Escucha sin objetivo

Existe una diferencia profunda
entre actuar para producir un efecto
y actuar para reconocer una presencia.

Cuando una iniciativa se centra en que
“los seres humanos tomen conciencia”,
aparece una estructura implícita:
alguien que sabe,
alguien que no sabe,
y un gesto diseñado para provocar un cambio.

Esa lógica introduce urgencia,
medición
y ruido.

SIENTO no parte de una carencia,
sino de una presencia.

No dice:
“esto está mal y debes verlo”.

Dice, simplemente:
alguien siente.

Informar busca modificar una mente.
Escuchar implica reconocer a alguien.

En SIENTO no se expone una situación
ni se reclama una respuesta.

Se deja estar una voz.

La escucha no garantiza transformación.
Solo garantiza respeto.

Aceptar que no todo el mundo escuchará
es parte esencial del gesto.

Habrá quien pase de largo,
quien no mire,
quien no quiera saber.

SIENTO no intenta corregir eso.
Forzar la escucha
sería dejar de escuchar.

La potencia ética de SIENTO
reside en que no necesita ser atendido
para ser legítimo.

La voz no está ahí
para producir un cambio.

Está ahí
porque merece estar.

A veces, como consecuencia no buscada,
alguien se detiene,
se incomoda
o empieza a escuchar de otra forma.

Pero eso ocurre como eco,
no como meta.

SIENTO no quiere cambiar a nadie.
Quiere dejar que alguien sea escuchado.

Lo demás, si ocurre,
no le pertenece.